Daniela Dodis

Mi historia

Nací en Rumanía en 1993 y llegué a España con nueve años. Crecí siendo la niña buena, la que no molestaba, la que aguantaba. Todo el mundo lo llamaba paciencia. Yo también. Tardé media vida en entender que no era paciencia: era miedo, y venía de mucho antes de que yo pudiera elegir nada.

Hubo una noche en la que me quedé sola en una playa y dejé de saber quién era. Ahí empezó todo. Después vinieron los años de buscar: reiki, constelaciones familiares, cursos, meditaciones, todo lo que sonara a espiritual. Y cada cosa me dio algo, de verdad. Pero también me metí en una trampa de la que nadie me había avisado: me volví muy elevada, muy desapegada, muy "el universo proveerá". Y mi vida real seguía igual.

Salí de ahí cuando entendí que despertar no es irse a la montaña. Despertar es volver: a tu casa, a tu cuerpo, a tu día a día, y hacerlo distinto desde dentro. Me pasé once meses en una cocina haciéndome una sola pregunta: a qué vine yo. No mi madre, no mi padre, no lo que esperaban de mí. Yo. Y la respuesta no llegó pensando. Llegó cuando dejé de intentar contestarla con la cabeza.

Hoy esa respuesta es mi trabajo.

Lo que hago ahora

Acompaño a personas que ya han despertado y no saben qué hacer con eso. Personas que lo han leído todo, lo han probado todo, y siguen repitiendo lo mismo. Les enseño a ver de dónde viene lo que se les repite (casi siempre de antes de los siete años, de cuando todo entraba sin filtro) y a cambiarlo desde dentro, con los pies en el suelo.

Lo hago de tres maneras: con El Puente, tres días en audio para empezar; con sesiones uno a uno; y con el programa de 30 días "Después del despertar", que se llama igual que mi libro porque es hacer ese mismo camino, acompañada.

Hacia dónde voy

Llevo años formándome en cómo se forma lo que somos en los primeros años de vida: cómo se graba, entre los cero y los siete años, todo lo que después repetimos sin saberlo. Ese conocimiento es hacia donde va mi trabajo. Primero contigo, con la persona adulta que lleva esa niña dentro. Y más adelante, también con las familias que están escribiendo ahora mismo lo que sus hijos repetirán mañana. Ese es el camino largo. Este es el principio.